Geoff Brumfiel
Nature 464, 156-157 (2010)
Aldermaston es un pintoresco pueblecito inglés con sus casas de ladrillo rojo, sus cuidados jardines y un acogedor pub local. Pero justo al sur de este idílico lugar se encuentra un conjunto de edificios mucho más inhóspito. Detrás de una doble alambrada y puertas vigiladas, se encuentra el desgarbado campus del Atomic Weapons Establishment (AWE), el laboratorio de investigación que más secretos alberga de Gran Bretaña. Este complejo de 304 hectáreas, un antiguo campo de aviación de la Segunda Guerra Mundial, aloja a aproximadamente 4.000 científicos, ingenieros y técnicos responsables de mantener las cabezas nucleares británicas.
El Ministerio de Defensa, que supervisa al AWE, mantiene absoluto silencio sobre las actividades del laboratorio, y los científicos que trabajan allí normalmente tratan de pasar desapercibidos. Sin embargo, en los próximos meses concluirá el proyecto científico más caro y ambicioso del AWE, lo cual llevará al laboratorio a abrir sus puertas, aunque sea sólo una rendijita.
El nuevo centro Orión albergará 12 rayos láser de alta potencia capaces de calentar y comprimir material a millones de grados Celsius en menos de un nanosegundo. Alojado en un reluciente edificio del tamaño de un campo de fútbol, el sistema láser facilitará a los físicos de Aldermaston datos cruciales sobre el comportamiento de los componentes de sus antiguas armas nucleares. Según el plan actual, aproximadamente el 15% del tiempo de Orión se ofrecerá a aquellos académicos que deseen estudiar las condiciones existentes en estrellas o en el interior de planetas gigantes. Y en ese espíritu de puertas abiertas, los investigadores del centro invitaron a un reportero de Nature para que echara un vistazo.
En muchos aspectos, Orión es el hermano pequeño de la National Ignition Facility (NIF) de Estados UNidos, situada en Livermore, California, donde ya se están realizando experimentos académicos. Cuando funcione a toda marcha, la NIF utilizará 192 rayos láser para crear aproximadamente 4 millones de julios de energía, lo que supondría una potencia 100 veces superior a la de Orión. Pero lo que realmente distingue al láser del AWE es la exquisita precisión con la que permitirá a los investigadores controlar el calor y la compresión aplicados a los materiales introducidos en su cámara de reacción, además del hecho de que el AWE lo vaya a compartir.
"El Ministerio de Defensa mantiene absoluto silencio sobre las actividades del laboratorio."
Los motivos para la colaboración no son del todo desinteresados. El instituto de defensa quiere ofrecer a los científicos que se encuentran dentro del cordón de seguridad el tipo de estímulo intelectual que necesitan para mantenerse alerta; también sirve de incentivo para nutrir a la gran comunidad de físicos de la que procede su personal. "Queremos demostrar que mantenemos altos estándares en nuestra ciencia", comentó Daryl Landeg, científico jefe del AWE. Los académicos que no son de Aldermaston están deseando cruzar la valla. Actualmente, Europa sólo cuenta con un puñado de instalaciones de láser similares, comentó François Amiranoff, director del Laboratory for the Use of Intense Lasers de la Escuela Politécnica cercana a París. "Un centro como Orión es muy, pero que muy interesante para la comunidad científica", apuntó.